sábado, 13 de febrero de 2010

Kaninchen

Aún me sorprende (si supiera que lo vas a leer te lo dedicaría especialmente para ti).

Al llegar de mi clase, el vigilante me entregó una carta que dijo que habían venido a dejar. Pensé que el correo había llegado después de las 14 horas en sábado y me pareció raro. La tomé y seguí caminando hacia mi casa. Llegué, tiré mis cosas a un sillón y me dispuse a leer la carta. En el momento en el que la tome y vi la estampilla de pinguino supe quién la había mandado. La abrí con unas tijeras que convenientemente estaban sobre la mesa.

La carta fue sencilla y, como todas sus cartas, tenía muy pocas letras. Creo que la hizo así (con letra grande) para no tener que escribir mucho.

¿Qué decirme?

Me sentí extraña al leerla, saber que es su letra, saber que vino él a dejarla.... (olvidó mi dirección), recordar el primer 14 de febrero que pasamos juntos (hace ya dos años).

Estuve a punto de llamarlo...
Me detuve mucho antes de tomar el teléfono.

Hace ya una semana que no hablamos.

YoSabina

2 comentarios:

  1. Hay que admitirlo, embuelto en tanto sexo ( ojo con las definiciones) se encuentra un corazón sufriendo...Despues de todo la literatura no se aleja tanto (como quisieramos) de la realidad.

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